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Nummulites en Palma de Mallorca

Nummulites en Palma de Mallorca

En nuestro quehacer diario, nos solicitaron documentar una pequeña colección de Nummulites. Al oír la palabra me vino a la memoria una historia de mi adolescencia.

En la clase de Física y Química, un grupito de “teenagers” inconformistas, intentamos “pillar” al profe (un Sr. de un inmenso bagaje cultural y técnico y excelente profesor) y preguntamos ni me acuerdo qué, impertinentemente, con malas intenciones. La respuesta, “Esto entra en el vasto campo de mis desconocimientos”, nos dejó sin palabras… ¡Muy pipiolos para tan excelente profesor!

En mi caso, la palabra “Nummulites” se hundía en el insondable océano de los míos, de mis desconocimientos. Menos mal que ahora disponemos de San Google, los Dioses nos lo conserven, y me pude documentar.

Directamente de la Wikipedia, https://es.wikipedia.org/wiki/Nummulites, me enteré que se trataba de esqueletos de animales de más de 40 millones de años, muy abundantes en los mares del Paleoceno y el Eoceno, y que suelen aparecer incrustados en rocas calizas del Eoceno, en el Mediterráneo, evolución del mar de Tetis. Luego, ya que estaba, seguí aprendiendo. Al igual que hemos hecho en la Fundación, invito a los curiosos que no estén versados en el tema a documentarse, que para esto están las redes.

Documentándonos, nos enteramos que las columnas del Claustro de San Francisco, en Palma de Mallorca, las que aparecen como foto de portada, se habían tallado de rocas nummulíticas, al igual que sucede con columnas del Claustro de Pedralbes en Barcelona.

Como se aprecia en las fotos, durante algunos millones de años fueron unos organismos muy abundantes, que iban muriendo y dejando sus esqueletos enterrados en el fango. Fango que, con el tiempo, solidificaría en rocas aptas para fabricar columnas.

Anverso y reverso de un Nummulite, algo pulido para que se pueda apreciar que se trataba de una especie de “caracola” (nada que ver con los caracoles) que actuaba a modo de esqueleto de un organismo unicelular. Se intuye que, además de la espiral, el tubo estaba dividido en cavidades. Leyendo, hemos descubierto que, junto con el “bicho”, convivían algas que ayudaban a apotar alimentos.

En estos otros nummulites, también anverso y reverso, quizás se aprecia mejor el tubo en espiral y su reparto en cámaras.

En las columnas ya se aprecia una cierta cantidad de ellos, pero en el material a documentar había un par de piedras espectaculares. Auténticos cementerios de nummulites, desde pocos milímetros hasta un par de centímetros.

Y, por último, un corte de una roca con incrustaciones de Nummulites, pulida.

A decir verdad, la aventura de la Fundación es tremendamente divertida. Cierto que, en los estándares actuales de pragmatismo mercantilista, saber de la existencia de los “Nummulites” pocos beneficios nos aporta, pero estar observando unas columnas y poder saber que las adornan unos organismos que vivieron hace millones de años, y saberlos identificar, a nosotros nos alegra el alma. Supongo que es eso de “la aventura del saber”.

Ya lo hemos comentado más veces, la finalidad de la Fundación es DOCUMENTAR Y COMPARTIR, nosotros solo presumimos de saber hacer fotos, los científicos y los comunicadores sois vosotros. Así como hemos documentado esta pequeña colección de Nummulites, tenemos la capacidad de fotografiar cosas entre uno (1) y ochenta (80) milímetros con un buen nivel de calidad que, con vuestras explicaciones, pueden colaborar a difundir la cultura científica. Estamos abiertos a vuestras peticiones y, si no nos necesitáis, no dudéis en contárselo a otros que, quizás, si que puedan aprovechar nuestros conocimientos y nuestras técnicas.

Recordatorio Sobre nuestro banco de imágenes

Recordatorio Sobre nuestro banco de imágenes

En esta ocasión os queremos facilitar, mediante este recordatorio, el acceso al banco de imágenes que escaneamos, digitalizamos y ampliamos constantemente y del cual hay una muestra permanente a vuestra disposición:

Aquí podréis ver las muestras del archivo disponible hasta la fecha: https://drive.google.com/drive/folders/17D_kZrel7UIHsoV2J5t_C4IKU1EMdr01?usp=sharing

La meta de nuestra Fundación es documentar gráficamente trabajos, tanto de investigación como de difusión, colaborando con nuestras macrofotografías a que estos trabajos sean más precisos y más comprensibles para un público no científico.

En esta línea documental, aparte de nuestro banco de imágenes, ofrecemos a nuestros posibles usuarios crear, conjuntamente con ellos, imágenes que se adapten a sus trabajos.

Asimismo, también os recordamos que la filosofía de nuestra Fundación es de DOCUMENTAR Y COMPARTIR, por ello, os invitamos a que participéis y cooperéis si tenéis documentación gráfica de natura que queráis ceder para que estudiantes y científicos del mundo puedan hacer debido uso de ella. Queremos llegar a ser una cooperativa productiva y útil para la sociedad, y trabajamos día a día para poder convertirnos en el punto de encuentro en el que compartir naturaleza, conocimientos y fotografía, entre otras muchas cosas.

Para cualquier colaboración, no dudéis en contactar con la Fundación.

Historia de uno de nuestros archivos

Historia de uno de nuestros archivos

El último artículo publicado en este blog fue el referente a la equivocación que cometí, hace muchos años, al confundir los estigmas y anteras de Cytinus hypocistis con las semillas de dicha planta (se puede consultar)

Las cosas no suceden porque si, el descubrir el error (y subsanarlo) fue debido, primero a que algo he aprendido con los años, en segundo lugar, que llevo años preparando la edición de un libro, precisamente sobre semillas y uno se vuelve más observador y, en tercer lugar, que, en una excursión a la zona de Muleta, en Sóller, encontramos el otro Cytinus, el C. ruber, que, rápidamente pasó a engrosar los archivos de la Fundación.

Veamos la historia de esta nueva referencia. Nuestro archivo más importante, y en el que llevamos “toda la vida trabajando”, es botánico. Empezamos con flores y terminamos especializados en frutos y semillas. Pero las plantas crecen, libres, en el campo, a veces en el campo de al lado y otras en lo más alto y recóndito de la montaña. Para eso nuestro primer contacto suele provenir de excursiones, paseos o, directamente, de expediciones de herborización.

En el caso de C. ruber, nuestro primer contacto fue en una salida de herborización del Jardí Botànic de Sóller. Un experto y algunos aficionados recorríamos una zona de la Tramontana buscando e identificando plantas, incluso recogiendo las más significativas para montar pliegos de herbario para posteriores trabajos científicos. En el lugar adecuado, debajo de un Cistus, apareció un Cytinus parasitando y que fue identificado como C. ruber.

Como no estaba en el archivo de la Fundación, empecé el protocolo de documentación. En este tipo de salidas en grupo, botánicas o no, con una meta clara de cubrir territorio, de explorar la mayor superficie posible, jamás llevo el equipo fotográfico “potente”. Hay varias razones, pero la más importante es que, aunque sean fotos de campo, hacer un documento para la posteridad, documentar una planta que, quizá, pueda terminar ilustrando un trabajo de investigación importante, implica “montar un estudio in situ”. Si visitáis el blog de la Fundación encontraréis algunos artículos, precisamente, de cómo hacemos el trabajo de campo, por ejemplo “TÉCNICAS EN LA FOTOGRAFÍA DE CAMPO”.

Queda claro que una serie de fotos “como Dios manda” implica parar, extender cámara y muchos accesorios, controlar encuadres e iluminaciones, soportes, reflectores, protecciones al viento, etc. No es descabellado dedicar una hora a una planta y aprovechar para tomar una serie de fotos técnicas, científicas y artísticas que formarán el primer corpus de nuestro archivo. Ya que se ha encontrado un taxón nuevo para la Fundación, lo lógico es sacarle el máximo provecho, pero esto es incompatible con un grupo de botánicos que están haciendo otra cosa. Por eso, en las salidas de grupo, lo máximo es llevar una cámara pequeña, sin accesorios, para tomar alguna instantánea de referencia.

Esto implica que habrá que hacer otra excursión al lugar de la planta, esta vez en solitario (o acompañado de gente dispuesta a parar por tiempo indefinido (a veces otros fotógrafos, porque en la Fundación lo compartimos todo, incluso nuestros “modelos”) provistos del equipo “serio”, dispuestos a dedicar todo el tiempo necesario a inmortalizar la planta hallada.

Pero no acaba aquí, nuestra especialidad son frutos y semillas, que suelen seguir a las épocas de floración. Pero, a efectos de documentar, es importante tener una secuencia de la vida de la planta, en ocasiones puede ser interesante desde la salida del cotiledón, tronco, hojas, textura de la planta, flores, etc. Esto permitirá documentar cualquier trabajo sobre dicha planta y, por descontado, representa hacerle tantas visitas como sea necesario. En el caso de plantas raras, de poca dispersión y encontradas en lugares remotos, significa hacer expediciones remotas y, por tanto, pesadas, a veces desagradables.

Retomando a nuestro C. ruber, por falta de disponibilidad sigue pendiente hacer la documentación de alta definición, en este momento solo tenemos las fotos de campo que se tomaron con una cámara casi compacta, una Panasonic Micro 4/3 de 12 Mpx. Para una publicación en A4, sin grandes reencuadres, es suficiente, pero siempre hay que prever que la foto pudiera ilustrar un cartel de presentación de algún acontecimiento con medidas cercana o superiores al metro… y, en este caso, nuestro archivo es insuficiente para un trabajo de calidad.

Lo que no podíamos dejar pasar era la fructificación, se hizo otro desplazamiento a Muleta (Sóller) para recoger unas muestras de planta completamente desarrollada, con las semillas ya maduras, entre otras cosas porque las semillas (y en particular estas semillas que tienen un tamaño de unos 0,2 mm) no se pueden fotografiar in situ con una cámara compacta, en plan “salir del paso”. Hay que realizar un trabajo de macro extremo, con cámaras especiales, con técnicas que también hemos publicado en nuestro blog (hay varios artículos) y, ya que estamos, usando la cámara más potente que tenemos, una Fuji DFX50 de 50 Mpx.

Así y todo, en el caso de C. ruber, hicimos una primera serie de semillas que resultaron inmaduras. Hubo que volver al sitio pasado un tiempo y volver a recoger muestras mas granadas, con las semillas mas maduras. En el caso concreto de los Cytinus se da el caso de que las semillas crecen en una melaza (por cierto, dulce y con algunas propiedades medicinales) lo que dificulta mucho sacar buenas fotos de ellas, cosa que se soluciona dejando secar la planta durante semanas.

Como habrás ido siguiendo, amigo lector, estos archivos, que puedes consultar en nuestra web, fundacionpepbonetcapella.com y que podemos compartir contigo (siguiendo las normas de la Fundación), son el resultado, a veces, de años de seguimiento, de múltiples desplazamientos, de largas excursiones, a veces repetidas, de días de trabajo físico e intelectual, de muchas horas de ordenador, para apilar, montar, limpiar, retocar luces, etc. Excuso contar que ha habido plantas, como fue la Merendera filifolia, que nos dieron esquinazo durante tres años para unir flores, frutos y semillas. O las veces que hemos encontrado la planta, pero parasitada hasta el extremo de no encontrar semillas, solo gusanos… ¡Nos ha pasado de todo, y más que nos pasará!

En fin, la Fundación, aparte de la seriedad que la caracteriza, también son estas historias del quehacer diario y nuestros archivos, que están sacados de la realidad, implican todas estas situaciones y más. Por tanto, si crees que nuestro trabajo resulta interesante, compártelo, difúndelo, quizá en tu caso concreto solo te sirve de entretenimiento o curiosidad, ¡un placer por nuestra parte! Pero puede haber gente, estudiantes, docentes, investigadores, incluso comerciantes, que puedan aprovechar nuestros archivos para mejorar SUS TRABAJOS, sean de investigación o difusión y, para la Fundación, esta es su razón de ser.

Hacemos crecer la BONET I y construimos la BONET II como cámara de campo.

Hacemos crecer la BONET I y construimos la BONET II como cámara de campo.

 A la solución auto construida que presenté en el artículo anterior, la BONET I, como también se hacía incómoda como cámara de campo, le sustituí el rail por otro de 1 metro (rail de estantería comprado en pieza de 6 metros) y, para comodidad mía, lo uní a una columna de ampliadora.

Si os fijais en la foto de perfil, justo debajo de la rueda amarilla que regulaba el tiraje de la ampliadora se ve “un añadido” de aluminio, es un “invento” para enfocar con precisión. Mecanicé una grapa fácil de fijar a la columna de la ampliadora, apretando el tornillo negro que se ve, y en una ranura inserté un disco roscado y un tornillo que sujeté al cuerpo de la ampliadora. Si se suelta todo la cámara sube y baja, como si fuera el cabezal de la ampliadora. Si se bloquea la grapa a la columna, girando el disco, se mueve el tornillo que arrastra el cabezal, pero con la precisión de un enfoque fino… ya comenté que mis “inventos” no eran extraordinarios, me conformo con aplicar algo de oficio y mecanizar soluciones sencillas.

Nota: Estas fotos son el estado actual de la BONET I, con una cámara digital Fiji GFX50 acoplada. Inicialmente, en lugar de la Fuji, había un chasis de película 120 de 6×6 cm.

¡Pero la BONET I está totalmente activa y sigue ampliando mi archivo!

Mientras, volví a tener algún dinero y me había comprado una PENTAX 67 (los que me seguís, sabéis que soy de “burro grande, ande o no ande”)

Ya comenté en su momento que el macro de campo, más allá del x2, implica muchísimos sinsabores, de estabilidad, de viento, de profundidad de foco, etc. Se consigue, pero el trabajo que da integrar el entorno, que, además, prácticamente no va a influir en el encuadre porque deberá ser algo muy cercano al sujeto y, por tanto, tan pequeño como el sujeto, no vale la pena.

Entonces, mi idea primera (una vez montado todo el sistema de estudio con la BONET I) fue construir un fuelle pequeño, daba x1, para aprovechar la PENTAX 67 (recordemos que la era digital aun no existía, al menos no era popular) Aprovecharla como soporte de película y automatismos, fotómetro y velocidades de disparo y convertirla en mi cámara de campo.

Al no existir, aún, el apilado, le incorporé descentramientos para poder aplicar Scheimpflug. Eso sí, para simplificar solo descentré el objetivo, la cámara quedaba en una bayoneta fija, pero, ¡bajo ningún concepto! renunciar a ganar unos milímetros de profundidad de campo.

Recurrí a ideas fáciles de mecanizar, una placa que por un lado era la bayoneta para la cámara y por el otro un cuadrado donde fijar el fuelle y dos varillas por donde deslizar un “carro” que soportara un objetivo descentrable. (El objetivo que sale en la foto no es el primero, el primero fue el Apo Symmar 135/5,6. Este es una adaptación actual para la cámara Fuji GFX50 y que me proporciona hasta x2)

En el soporte del objetivo mecanicé una “L” y la sujeté con un tornillo al carro, de tal manera que al apretar se fijaba el tiraje y el descentramiento horizontal. Un segundo tornillo a 90º sujeta el soporte del objetivo, lo cual permite “poner el objetivo mirando ‘pa’ Cuenca”

Para los que busquéis la “auto suficiencia”, fijaros en esta foto. La placa está mecanizada para incorporar el Apo Symmar 135/5,6. No se ve porque lo tapa el actual objetivo.

Cuando hice la actual adaptación del fuelle a la Fuji GFX50 e incorporé el objetivo Nikkon 75/4 de la foto, no quedaba otra que mecanizar una rosca para el nuevo objetivo. Si os fijáis bien, veréis que la solución fue comprar una rosca adaptadora prefabricada y pegarla con un buen pegamento. El objetivo está correctamente roscado, fácil de sustituir por cualquier otro de la misma rosca.

Por descontado que si, por la razón que sea (que no procede), se quisiera volver al Apo Symmar no quedaría más remedio que “despegar la rosca”. Muy práctico no es, pero cuando se decidió usar el fuelle con la Fuji GFX50, se decidió que “sería definitivo”… 

Estos tres últimos artículos solo son a modo de visión de la trayectoria que me ha traído hasta la actualidad y, un poco, para terminar presentando la BONET III, otra cámara de estudio que me permitirá hacer ampliaciones de x20, quizá hasta x25.

Por el oficio que tengo y por haber sido profesor de FP durante casi toda mi vida, soy plenamente consciente de que no todo el mundo tiene los conocimientos y las habilidades para fabricarse parte de su propio equipo, pero solemos ser capaces de mucho más de lo que creemos. A veces no podemos “construir” nuestro invento, pero siempre, indagando, terminaremos por encontrar al profesional que pueda mecanizar parte de nuestros problemas y nunca olvidéis que “el Araldit hace milagros”

En esta foto, ¡chapuza donde las haya!, se ve una caja vacía, realmente adaptada al fuelle que acabamos de ver y donde aún se observa una presilla sujeta con dos tornillos (las rayas de porquería oscura son debidas a que había una entrada de luz no deseada y se le pegó una tela negra. El fuelle se construyó a medida de la PENTAX 67, pero esta cámara da negativos de 6×7 cm y el archivo de botánica se estandarizó a diapos de 6×6 cm, ¡una pérdida de 1 cm de película por cada foto es inaceptable! La caja y el soporte se fabricaron para sustituir la cámara de alta calidad por un simple chasis de película 6×6 cm… ¡y volver a tirar de fotómetro!

¡También se explotó debidamente la chapuza y constan buenísimas fotografías en el archivo, tomadas “con este andamio”!

Cuando empecé a “digitalizarme”, mi primera cámara fue una PANASONIC GF1. Acostumbrado al formato medio fue un importante retroceso en la calidad de mi archivo, pero también es verdad que una Micro 4/3 es algo más que una compacta, 4000×3000 píxeles.

Ya que vamos de “historias de abuelo Cebolleta”, os diré que, hasta que me jubilé en 2012, siempre tuve acceso a máquinas, a taller de mecanizados y a taller de carpintería. Teniendo la capacitación técnica que tengo, cualquier idea que surgiera estaba en mi mano realizarla… Una vez jubilado quedé como el común de los mortales, a expensas de las grandes superficies i de las tiendas de ferretería para poder “inventar inventos” (de ahí que ahora aparezca tanto pegamento, tanta cola de contacto y tanto Araldit)

Pues bien, la PANASONIC se acopló al fuelle con el consabido accesorio de bayoneta “pegado” a la caja. Hay mucha literatura y mucho cine sobre la condición humana, sobre la degradación de las personas, de la influencia del entorno, sobre como una persona se puede “dejar hundir”.

Está claro que sentirme “solo y abandonado” en este universo tecnológico, sentir que ya no tenía acceso a maquinaria me hundió en la miseria de la chapuza y, estos últimos años, he tenido que recurrir a ella demasiadas veces, ¡pero he seguido tomando fotos, algunas macros excelentes!

En honor a un buen amigo, haré mía una frase suya, “hay gente que tiene “concepto” de la chapuza”… La verdad es que algo de MacGyver  sí que puedo aportar.

El próximo artículo de esta serie ya será un reportaje de la nueva cámara de estudio, esa maravilla que os he anunciado que hará tomas x20, aproximadamente lo que en microscopia se llaman 250 aumentos. Téngase en cuenta que en microscopía y en fotografía se emplean lenguajes diferentes. O sea, x20 de foto viene a significar x250 de microscopio, nosotros hablamos de tamaño sobre el sensor y ellos hablan de ángulo de visión en el ojo.

Ya sé que de los lectores de estos artículos, la mayoría, como mucho, puede que os maravilléis pero dudo que intentéis construir una cámara… incluso es muy probable que no os haga ninguna falta.

Pero estos artículos tienen la finalidad de compartir conocimientos, mi convencimiento personal y la función de la Fundación Pep Bonet Capellá están precisamente para eso, para que todo el mundo interesado pueda aprovechar lo que nosotros sabemos. Los artículos están escritos a modo de divulgación, pero estoy abierto a ampliar toda cuanta pregunta pueda surgir a gente interesada… suponiendo que sepa la respuesta.

La Bonet I, 30 cm. de fuelle al servicio del Macro, con descentramientos para aplicar las Técnicas de Scheimpflug

La Bonet I, 30 cm. de fuelle al servicio del Macro, con descentramientos para aplicar las Técnicas de Scheimpflug

Ya conté que el objetivo macro, de una cámara de formato medio, “se había quedado corto”. Que cuando aprendí a mejorar la profundidad de campo jugando con el rendimiento de la óptica todo lo demás pasó a segundo término.

El problema es que mi cámara CALUMET de formato grande, 10×15 cm, de banco óptico, era un incordio moverla al campo, recuérdese que hablamos de época de película, de poder mover “TODOS” los ejes de la cámara y de que fuera algo reducido, en rollo de 6×6, por ejemplo. La solución fácil era comprar una cámara Arca Swiss. De hecho mi objetivo Apo-Symmar 135 /5,6 me servía, necesitaba un chasis y el cuerpo de cámara técnica con descentramientos micrométricos… y estuve mirando la marca citada, Arca Swiss, una “delicatesen” que no me podía costear.

Fue en este momento que decidí “fabricar” yo el banco óptico. Dicho así, suena a pretencioso o a genio… ¡pues nada de esto! En las cámaras fotográficas (y actualmente más) hay un montón de automatismos que miden, controlan y actúan mecanismos. Para ajustar, básicamente, apertura del objetivo, velocidad de obturación, sensibilidad del sensor, sea película o sensor digital, y a qué valor de sensibilidad vamos a trabajar. Con todas estas variables cualquier fotógrafo que conozca el oficio elegirá o permitirá fijar, un trio de valores “sensibilidad/velocidad/apertura” para que la foto se tome con la luz justa, sin temblores y con la profundidad de campo deseada. En la mayoría de cámaras actuales, además, nos permitirá elegir programas que forzarán una de las tres variables. Por ejemplo velocidades siempre rápidas para foto “deportiva”, o diafragmas preferentemente abiertos si elegimos “retrato”, o sensibilidad alta y diafragma bajo cuando elegimos “foto nocturna”… No es que la cámara sea más lista que nosotros, es que se la ha programado para que no tengamos que decidir.

Realmente una cámara, sea de banco, digital o de cualquier móvil, se compone de los elementos de la foto: un objetivo capta una imagen, la reproduce sobre un sensor y unas mediciones de luz abren o cierran un diafragma y lo mantienen abierto un tiempo exacto, para recoger una cantidad de luz que pueda registrar el sensor.

Todo eso “se puede hacer a mano”. Estas siempre han sido mis cámara auto construidas, el cajón que es capaz de sujetar estos componentes. No me quitaré el mérito de ser un profesional, Maestro de Taller, capaz de mecanizar al torno o a la fresadora ranuras, bayonetas, roscas, etc. ni pienso ceder un ápice en mis conocimientos de medición de la luz, tanto incidente como rebotada ni de todo lo que se sobre exposición en fotografía.

Si vamos a la foto de portada, se ve muy bien que el “banco óptico” son dos palmos de una barra de aluminio con unas ranuras, por las cuales se puede deslizar un perfil ajustado… están diseñadas para construir estanterías (se venden en tiras de 6 metros)     

Construir el banco consistió en mecanizar unas roscas, atornilladas a trozos de perfil… Y eso si, el enfoque se hacía a pulso, nada de ajustes micrométricos. En las fotos, la sujeción de uno de los montantes y el soporte de la barra principal del banco óptico.

Para poder aplicar técnicas de Scheimpflug era imprescindible poder bascular los planos de película y objetivo en dos ejes perpendiculares, esto se resolvió sujetando una plataforma con una escuadra recortada, comprada en una gran superficie, y con dos de estas construcciones se tuvieron los planos basculantes del objetivo y de la película de una cámara técnica. Ahora solo hubo que fabricar un fuelle para obtener una caja flexible y alargable, hermética a la luz, como se observa en la foto. Puestos a “chapucear”, en la foto de la cámara se observan los “focos profesionales”, un flexo de sobremesa y un miniflash con filtros de bote recortado.

Durante algunos años, esta cámara técnica de fabricación casera, junto con mi inseparable fotómetro y rollos de película Fuji Provia 100F se convirtió en mi cámara de campo. Con ella hice fotos espectaculares que enriquecen mi archivo. Por descontado que el programador, el selector de velocidades, el autofoco, el bracketing, el control de flash, la multiexposición, la famosa rueda PASM, y todas estas funciones que aporta cualquier cámara actual estaban controladas por el mejor computador, el más versátil, ¡mi cerebro humano!… y la mecánica “mis deditos”.

Luego, con los años, decidí hacer otra cámara específicamente de campo, entre otras cosas porque esta casi nunca la empleaba al 100%. En natura, hacer macros mayores de x2, directamente sobre la planta y, normalmente, con alguna brisa, siempre terminaba en una mala aventura y con problemas. Decidí cortar un trozo de perfil más largo y hacer crecer la BONET I para usarla exclusivamente en estudio, trabajando cómodamente hasta x5 y construir la BONET II, más coquetona, menos pesada y algo más manejable, que me garantizara un x1 sobre película de 6×6…

… Pero bueno, esta vuelve a ser otra historia que se contará en otro momento.