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Con este Zigophyllum fabago damos por acabada la digitalización de nuestro archivo de antiguas diapositivas botánicas, ¡trabajo realizado!

Con este Zigophyllum fabago damos por acabada la digitalización de nuestro archivo de antiguas diapositivas botánicas, ¡trabajo realizado!

Seguramente todo el que lea este artículo conoce a alguien que tiene diapositivas y que “habla de escanearlas”, porque se están deteriorando, pierden color, han criado hongos, no tiene proyector, las quiere compartir, etc., etc.

Nuestra Fundación, precisamente, parte de un archivo de 3263 diapositivas de formato medio con la temática de flores y, en especial, frutos y semillas de planta autóctona balear. (De este archivo, ampliado con tomas digitales, ya ha salido un libro, http://www.fundacionpepbonetcapella.com/reforzando-la-idea-de-la-fundacion-he-editado-un-libro/, del que aquí hay una reseña) Nota: La Fundación tiene algo más de 3263 fotos, el resto de archivo ya es digital de nacimiento y, además, quedan algunos miles más de diapositivas, básicamente de paisajes, que con el tiempo digitalizaremos.

Hace ya algunos años que solo tomamos fotos en digital, pero esas más de tres mil imágenes químicas forman un corpus importante en cuanto a semillas y su posible dispersión y había que ponerlas “a disposición”. Para la edición del libro “DIÁSPORAS” se escaneó lo necesario, solamente las diapositivas necesarias y para el tamaño necesario para el libro. A pesar de todo, se sacaron archivos de 17 MB, más que suficientes para fotos que iban a medir 123 x 123 mm como máximo, incluso era más que sobrado para reencuadres.

Ya encaminado el libro, surgió la idea de crear nuestra Fundación y, en este momento, se planteó que nuestro archivo era algo más que editar un libro, había mucho más material que el estrictamente publicado y, además, nuestras imágenes de 53 x 53 mm permitían ampliaciones tamaño poster y, sin ningún problema, impresiones de 50 x 70 cm a máxima calidad. Esto nos llevó a reescanear, esta vez la TOTALIDAD de nuestras diapositivas y con mucho más nivel. Quizá un poco limitados por la calidad de nuestro scanner, decidimos seleccionar un tamaño de 5000 x 5000 píxeles, presentados en RGB, en formato TIF de 8 bits sin compresión, han resultado archivos de 73 MB.

Por ejemplo, del mismo Zigophyllum fabago, un detalle de las semillas, que en este artículo se presenta comprimido y con el que se podría imprimir, perfectamente, un poster de excelente calidad.

Para toda esta gente que “piensa en escanear sus viejas diapositivas”, ¡OS ANIMO A HACERLO!… pero con los pies en el suelo.

Para empezar, este proyecto de digitalización de 3263 diapositivas empezó el 28/12/2019 y ha terminado el 27/06/2022, ¡31 meses de trabajo, menuda inocentada! Entre escanear, retocar, quitar “porquerías”, ajustar luces y colores, etc., cada diapositiva se ha llevado cerca de una hora de trabajo, más de 3000 horas de ordenador “matando marcianitos”. Recordemos que la jornada laboral en España anda por las 1826 horas anuales.

En agosto de 2020 ya publicamos un artículo sobre el tema, concretamente sobre el retoque, http://www.fundacionpepbonetcapella.com/digitalizacion-de-un-archivo-de-diapositivas/, donde aprovechamos para hablar del color degradado de las diapositivas viejas, donde se hablaba de la acutancia y de lo conveniente que resulta retocar los bordes de la imagen para presentarlas con mejores contrastes, etc.

En el plano teórico, cuando se inventó y socializó la diapositiva, la finalidad principal era proyectarla sobre una pantalla reflectante o, la mayoría de veces, sobre una pared encalada (yo llegué a proyectar sobre paredes pintadas “al gotelé” o sobre fachadas de casas) Eso implicaba que debía ser muy contrastada para que se viera algo viva, que no apareciera una imagen desvaída. Al mismo tiempo, los colorantes químicos a duras penas conseguían registrar 5 niveles de luz, para entender esto habrá que hacer algo de historia.

Ansel Adams inventó un sistema para medir la luz de una escena y exponer “lo mejor posible” una película (pensad que el sistema digital “ni estaba, ni se le esperaba” y que la película era bastante limitada) El llamado SISTEMA DE ZONAS establecía ONCE NIVELES, desde un “negro total sin detalle ni textura” hasta un “blanco puro”, exactamente igual que el negro, sin detalle ni textura, en aquel tiempo le llamábamos “blanco pelado”. La idea era que, entre nivel y nivel, hubiera el doble de luz, o, dicho de otra manera, un diafragma de diferencia. Durante años, cualquier fotógrafo que se preciara tenía las “cartas de grises y de color”, lo mismo para testar una película que para verificar una iluminación, eran muy normales las fotos con las cartas de control en un rincón, simplemente para estar seguros de “hacer las cosas bien”, seguros de poder presentar una copia lo más fiel posible a la realidad.

Actualmente, con el sistema digital, hacemos algo ligeramente parecido. Establecemos un blanco puro, totalmente iluminado, y un negro total, con cero luz, y lo dividimos en 256 niveles (8 bits) o en 65.536 niveles (16 bits) Está claro que solo tiene de parecido que seguimos midiendo entre negro y blanco, pero los bits nada tienen que ver con los diafragmas. En realidad, los bits solo establecen cuánta delicadeza vamos a establecer entre un gris y los grises anterior y posterior, solo definen escalones para subir del negro al blanco.

De hecho, el fotómetro de la cámara sigue, históricamente, “centrándose en “ZONA VII”, en aquel nivel de gris que Ansel Adams decidió que era el nivel medio de iluminación de aquellos magníficos paisajes de Yellowstone. Pero cualquier sensor de baja gama actual cubre, sobradamente, las ONCE ZONAS de Ansel Adams (tienen más latitud que la película) y, en cámaras de alta gama pueden llegar a registrar ¡hasta 14 zonas! Pero, de todo esto, salvo especialistas, ya ni nos enteramos. La inmensa mayoría de cámaras, compactas, móviles, toda la gama “aficionado”, en fin, la casi totalidad de fotos que se toman actualmente, se disparan en automático, nada que ver con iluminación-revelado-ampliación.

Además, ahora entramos en intentar mezclar “churras con merinas”. Con el proceso químico, negativo o diapositiva, no existía ninguna película que pudiera registrar los once niveles del sistema de zonas. Los mejores negativos de B/N, con los mejores reveladores, llegaban a registrar 7 niveles, el negativo de color, con suerte 6 y la diapositiva entre 5 y 6 (casi siempre 5) Eso significaba que en una misma foto no podía coexistir “el blanco y el negro”. Entonces aparecía el “saber hacer” del fotógrafo. A mano y con cartulinas y mucha habilidad, se copiaban los negativos haciendo “reservas”, alterando los tiempos de exposición del papel, sobre o sub exponiendo partes de la imagen para alterar la copia final, de tal forma que “SI” que aparecían “negros y blancos”. Fue toda una época que ya no existe… ¡pero las diapositivas y los negativos si!… y pretendemos digitalizarlos.

No entraremos en estas técnicas, que algunos, pocos, siguen practicando, pero si que habrá que entender algo de ellas porque escanear una diapositiva, solo escanearla, suele ser un proceso decepcionante, la diapositiva nos aporta TODA SU POBRE INFORMACIÓN LUMÍNICA, información incompleta, por falta de rangos de luz y porque, para compensar nuestra visión, se la contrastó excesivamente.

Repito, una diapositiva era un soporte intermedio, bien para reproducirlo sobre una superficie, “blanca casi siempre”, y con distintos niveles de reflectancia, o bien para reproducirla en papel, a veces como copia directa con técnicas fotográficas i, la mayoría de veces, en papel por técnicas de imprenta.

Nuestro concepto actual de una foto digital es que la veremos en una pantalla que proyectará dicha foto en forma de luz. Hay mucha diferencia entre ver una imagen reflejada o ver “su luz” directamente a los ojos. Para cualquier fotógrafo actual, use la cámara que use, la imagen la lee un sensor capaz de leer desde el negro hasta el blanco, con todos sus niveles de gris, sea en 8 o en 16 bits. Hay que decir que nuestro ojo separa tranquilamente 1000 niveles de gris, lo que en digital deberíamos presentar como 10 bits y que, por nuestra fisiología, cuando juntamos nuestra sensibilidad de conos y bastoncitos más la ayuda de nuestro cerebro, capaz de inventarse luces y colores, podemos llegar a diferenciar varios millones de niveles, nuestro cerebro, en situaciones límite, es capaz de llegar a 24 bits (hablando en digital) Sobre esto también escribimos un artículo en junio del 2020 a raíz de explicar cosas de iluminación http://www.fundacionpepbonetcapella.com/calidad-de-la-luz-para-fotos-de-naturaleza/.

Volviendo entonces al escaneado de diapositivas, ahora que podemos entender el nivel actual de un simple móvil mandando una foto por WhatsApp, está claro que el sensor digital de cualquier scanner, digitalizando una diapositiva, encima vieja, quizá maltratada, con su superficie química oxidada, este scanner nos dará una imagen de “exactamente la diapositiva que tenemos” y la primera mirada puede ser decepcionante.

Descarto volver a hablar de “limpiar la superficie”, damos por supuesto que rozaduras, cagadas de mosca, pelusillas, manchas, etc., ya están resueltas, en argot, “hemos matado todos los marcianitos”.

También descarto hablar del problema de oxidación de colorantes y el consiguiente cambio de color de la diapositiva, normalmente cambiando hacia un color rojo-violáceo, con cualquier procesador de imagen se corrige con facilidad.

Vayamos directamente a las carencias de blancos o de negros de la diapositiva. Como que la diapositiva no era capaz de abarcar desde “negro a blanco” en diez diafragmas, solo conseguía retener entre 5 y 6, el buen hacer del fotógrafo consistía en exponer “para que saliera lo más importante de la escena”. El fotógrafo decidía si en la escena había mucho sol y había que evitar quemarla o si, al contrario, lo importante quedaba en sombra y era necesario abrir un poco el diafragma para mantener detalles. Como anécdota de los tiempos de la película y de los procesos químicos, la prueba de fuego de un buen fotógrafo era sacar las fotos de boda de un matrimonio de postín, ella de un blanco inmaculado, con un vestido rico en bordados blancos, carísimo, y él en un exquisito traje negro, que no tenía bordados, pero que en las fotos debía verse la “hechura”, cosa solo apreciable por las sombras y arrugas “negras sobre negro”. Por descontado que NUNCA se fotografiaba una boda en diapositiva, siempre en negativo que podía aportar 2 diafragmas más. Menos mal que en negativo siempre quedaba el truco de “exponer el negativo para las sombras y revelar las copias para las luces”.

Escanear diapositivas significa que, con un instrumento digital de precisión, debo ajustar cada una de ellas a un nivel de luz que abarque desde el negro al blanco, ¡de una sola vez!

Menos mal que todos los procesadores de imagen incorporan una herramienta que nos permite alterar los niveles de luz por zonas, aclarar u oscurecer negros o blancos por separado. En digital disponemos del histograma, que no es otra cosa que una gráfica de cada uno de los valores de gris que nos ha dado nuestro sensor (8 o 16 bits) y, en los sistemas digitales, la electrónica nos provee de amplificadores y atenuadores. Gracias a esta tecnología, es relativamente fácil hacer los negros mas negros y los blancos más blancos, o viceversa. Todos los procesadores de imagen nos permitirán variar partes del histograma por separado, sea directamente alterando la curva, sea ajustando luces y sombras por separado, sea reajustando contraste de la imagen.

Gracias a la tecnología, a cada una de las diapositivas escaneadas nos será fácil equilibrar aquellos pobres 5 niveles de gris para que lleguen a verse los 11 niveles de las 11 zonas. No siempre se puede lograr la perfección, a veces se quedan en menos zonas, siempre dependerá de lo bien expuesta que estuviera la diapositiva, pero lo que es cierto que no es solo escanear, aparte de limpiar y ajustar colores, hay que reconstruir los niveles de luz de la escena… siempre en el bien entendido que esta reconstrucción es subjetiva, la escena original igual no la hemos visto nunca, la presuponemos.

Precisamente, porque este reajuste de luces es ficticio, inventado, si escaneáis diapositivas y las limpiáis y reajustáis, hacedlo siempre trabajando a 16 bits. El programa que uséis para retoque deberá “inventarse” niveles de gris. Si le dais lo justo, 8 bits, cabe la posibilidad que no pueda hacerlo y, en vez de mejorar, empeorareis. Mientras que a 16 bits el programa lo tiene más fácil para recalcular (estos programas, en realidad, son matemática pura) Cuando la diapositiva esté perfectamente acabada se archiva a 8 bits, sin problemas y con la mejor calidad posible.

Por descontado que todo este rollo ha sido en clave de gris. La explicación para color es exactamente la misma, solo que la imagen se lee “en tres grises de tres colores distintos”, RGB.

Acabo de releer este “tocho” y veo que hay más cosas que decir, pero también he visto que es denso, muy denso, tanto que pudiera llegar a pesado. Vamos a dejarlo aquí, si aparecen dudas la Fundación está para ayudar. No dudéis en contactarnos si os podemos ayudar, nuestra divisa es DOCUMENTAR Y COMPARTIR.

En otro orden de cosas, si os ha parecido interesante, útil, no dudéis en compartirlo. La Fundación NO ES UN NEGOCIO, la Fundación es un lugar de encuentro donde compartir tanto material como conocimientos. Nuestra intención es buena, pero si no conseguimos darnos a conocer está claro que poco vamos a compartir.

Árboles y arbustos

Árboles y arbustos

En otra vida yo fui técnico, trabajé en la industria como electrónico y aprendí muchos trucos de oficios diversos… Me jubilé como “TÉCNICO”.

Y la pregunta es ¿a qué viene este comentario? Realmente a nada, sólo que mi historia ha sido la excusa para un salto al Pirineo, a ayudar a una amiga a camperizar una furgoneta… ¡Y a hacer fotos!

De “trabajo” no hablaremos, yo ya no trabajo, solo me divierto. Lo interesante fue aprovechar para, entre y entre, hacer fotos de los árboles de la zona. Teniendo en cuenta que vivo en una isla, un paseo por La Cerdeña es para mi una novedad y ocasión de plasmar una flora nueva para los archivos de la Fundación.

Ya hice un comentario sobre que nos hicieron una petición a los archivos de la Fundación para colaborar en un proyecto muy interesante sobre árboles. Sin entrar en detalles, que el proyecto no es nuestro, se trata de una interesante mezcla de jardines y arte, dirigidos a la difusión del mundo de la naturaleza. De verdad que ¡muy interesante!

Mientras hablaba con el creador del proyecto caí en la cuenta de que nunca me había interesado por los árboles y que, por tanto, no había colaboración posible, al menos de momento. Como que el proyecto es a años vista, lo único que había que hacer era abrir la correspondiente sección en nuestros archivos y empezar a trabajar sobre el tema. Además, como el citado proyecto ya tiene línea de acción, lo más eficiente era seguir su programa, como colaboradores… ¡y en esas estamos!

Y, en esta línea, vamos acumulando fotos, como este sauce o este algarrobo.

La verdad es que, con estos paisajes, puro Pirineo Catalán, es fácil hacer archivo. Se puede elegir bosque de montaña, a la vista está. Pero es que el valle que se adivina, entre el fotógrafo y las montañas del fondo, es el cauce del río Segre, kilómetros y kilómetros de bosque de ribera. Lo dicho, ¡hay dónde elegir!

Es de dominio público que procuramos para nuestro archivo fotos “especiales”, por contexto, por calidad, por cantidad de información, etc. Para conocimiento de nuestros seguidores, estas tres, sauce, algarrobo y paisaje, son tres composiciones en mosaico que aportan 19463×16386, 15129×11189 y 27872×8824 píxels respectivamente. En el artículo están comprimidas, pero nuestro archivo a disposición del público puede ofrecer hasta estos niveles… ¡Y, con estos niveles, se imprimen pósters!

Por descontado que somos fieles a nuestro lema, “DOCUMENTAR Y COMPARTIR”, no nos limitamos a la foto grandilocuente y de exhibición. Procuramos sacar toda la información posible, siempre pensando que nuestro trabajo puede serle útil al científico o al divulgador, por ejemplo, este detalle de frutos y hojas de un ciruelo.

O este detalle de tronco y hojas de álamo.

En tierras de Lérida encontré este pino, presupongo Pinus virginiana, pero no estoy seguro, siempre a la espera de que verdaderos expertos digan su última palabra.

Ya véis, amigos seguidores, que somos de “no dar puntada sin hilo”. Fuimos a camperizar una furgo, a pegar Kaiflex, a cortar y ensamblar maderas, a construir camas y armarios, en fin, a “trabajar” para poder viajar a lugares “sin servicio”, rincones de montaña, bosques alejados de la civilización, etc. Está claro que pensamos aprovechar este trabajo para ampliación de los archivos de la Fundación, pero, mientras, somos incapaces de “estarnos quietos”. En dos mañanas que dejamos de trabajar incrementamos nuestro archivo en 81 fotos nuevas. Así va creciendo el archivo de “fundacionpepbonetcapella.com” y así colaboramos con la naturaleza y sus usuarios.

Reforzando la idea de la Fundación, ¡he editado un libro!

Reforzando la idea de la Fundación, ¡he editado un libro!

En Mallorca decimos “de sa feina surt es profit”, literalmente, del trabajo sale el provecho.

No os daré “la turra”, pero, en los años que llevo publicando en redes he ido contando muchas de mis aventuras que, al fin y al cabo, han representado trabajo, sea por mis viajes, por mis construcciones, por el archivo de fotos logrado, por tantas y tantas cosas que llevo hechas. Siempre haciéndolas con el ánimo de que fueran “útiles”, pero con la clara idea de divertirme.

Entre tantas cosas que me definen está que hace más de treinta años que empecé a hacer fotos de “florecillas”. Un día, por casualidad, me llamó la atención el fruto en forma de judía de un árbol de una urbanización… ¡y me enganché al tema! A estas alturas ya presumo de que llevo media vida detrás de frutos y semillas, obsesionado.

Hace unos cinco años, J. L. Gradaille, a la sazón director del Jardín Botánico de Sóller, me recordó una conversación que llevábamos manteniendo desde finales del año 2000, y que no llegábamos a terminar: ¿Qué hacemos con mi archivo de frutos y semillas?

Llevábamos años hablando de editar un libro sobre la dispersión de las semillas, con aquello de “habría que hacerlo”, “es necesario”, etc., pero nunca “nos poníamos a hacerlo”. El detonante es que hace esos más o menos cinco años, un susto de salud nos recordó que somos finitos y que, si hay que hacer algo, ¡hazlo!… que para mañana puede ser tarde.

Hace, precisamente, unos cinco años Pep Lluís y yo nos metimos en un berenjenal. Por aquel entonces yo ya tenía un archivo de cerca de 500 taxones, había varios miles de fotografías seleccionadas, todas correctas. (Como nota personal, desde que entré en el mundo de la diapositiva de formato medio, profesional para los amigos, cualquier foto técnicamente incorrecta, movida, desenfocada, mala luz, etc., acabó en la basura)

Con estas referencias nos creíamos que montar el libro serian un par de meses de trabajo, ¡ja! Empezamos a seleccionar y empezaron a salir problemas tontos, Pep Luís, que llevaba el peso botánico (sabe del tema muchísimo más que yo) se miraba una foto, ­- “¡Uauuu! ¡Qué maravilla de foto! ¡Espectacular!… lástima que no se ve bien la dehiscencia”-

¿Qué puñetas debe ser una dehiscencia?, me preguntaba yo. Miraba la siguiente, se volvía a emocionar mucho, pero ahora no le gustaba el ángulo de toma porque, justamente este fruto o semilla se caracteriza por un eleosoma, o por unos pelos, o por vete tú a saber qué, y con el ángulo de toma que yo había elegido, precisamente esta tontería botánica no destacaba… ¡La foto espectacular, para enmarcar!… lástima de la tontería.

Dicho así parece que todo mi archivo era un fracaso, no, no es cierto, el libro que llegamos a montar salió, casi todo, del archivo original. Pero si que se tuvieron que replantear un centenar de fotos. Dedicar media vida a construir un archivo digamos que es cómodo, vas haciendo, pero, estoy escribiendo esto en abril, en primavera. Como alguien me pida un madroño con mucha urgencia, por muchos milagros que pueda hacer, ni lo comeremos ni le haremos fotos hasta el otoño próximo.

Todas estas fotos “tan maravillosas, pero que se podían mejorar” nos pusieron a contrarreloj. Pero, más problemas, el libro es de flora silvestre y las plantas nacen y crecen “donde les da la gana”. No solo había que esperar, además había que ir a buscarlas… y no os creáis que crecen al lado de casa, muchas veces lo hacen en lugares insólitos, teniendo que ir varias veces hasta encontrarlas “en sazón” … ¡maldita dehiscencia! Nos ayudó mucho que el Jardí Botánic de Sóller sea un jardín de conservación y tenga, vivas, bastantes de nuestras carencias, pero, así y todo, no nos salvamos de un montón de viajes a “herborizar”, o mejor dicho, a “semillear”, ¡al otro lado de la isla!

Está claro que la selección ya fue problemática, Ítem más, la maquetación. Quien escribe una novela manda el texto, escrito a mano si hace falta, al maquetador y se desentiende. Pero, si resulta que un pelito, o los restos de un pistilo o la famosa dehiscencia son tan importantes que tuvimos que ir cinco veces a la Albufera para repetir una foto, ¡solo nos faltaba que el maquetador (que no tiene por qué ser botánico) nos fastidiara la foto! Sin tener excesiva idea del tema, nos pusimos nosotros a recortar fotos… y, ya que estábamos, tuvimos que contar las palabras de los escritos de TODAS las fichas, en tres idiomas, para que se pudieran colocar en el rincón que quedaba… ¡CINCO AÑOS, CINCO, MONTANDO LIBRO!

En fin, que “de sa feina surt es profit” y el día 6 de abril del 2022 presentamos en público “DIÁSPORAS, frutos y semillas de la flora balear. DISPERSIÓN”. Es un éxito personal, por fin he escrito un libro, pero es que, es más. Estos últimos años procuro ir cerrando proyectos, inexorablemente la vida sigue y hay que procurar dejar obras hechas, útiles a la humanidad (no es necesario salvarla de nada, pero la vida creo que está para hacer algo útil)

Hace ya mucho que tuve hijas. Durante mi vida he plantado árboles. Hace ya 10 años que cerré mi proyecto de educación, me jubilé. No he cerrado el proyecto de mi archivo de plantas, entre otras cosas porque necesitaría varias vidas para concluirlo, pero sigo trabajando en ello. Hace esos cinco años que empecé, y acabo de terminar el proyecto del libro. Un par de años después de empezar el libro, empecé el proyecto de Fundación Pep Bonet Capellá. Este es un proyecto que, si evoluciona como me gustaría, nunca veré acabado, sobre todo porque me encantaría que creciera sin fin… Y, ¡vete tú a saber si se me ocurre algo más!

Lo que acabo de escribir igual hubiera sido un buen parlamento para la presentación de “DIÁSPORAS”, pero mi punto de anarquía y presentarme sin un guion me llevó a decir cualquier otra cosa… que, seguramente, venía a ser lo mismo.

¡Ya tenemos presentación de «DIÀSPORES, Fruits i llavors de la Flora balear, DISPERSIÓ»!

¡Ya tenemos presentación de «DIÀSPORES, Fruits i llavors de la Flora balear, DISPERSIÓ»!

Como os avanzamos en el anterior post, nuestro fundador Pep Bonet Capellá es co-autor de un libro junto a su compañero Pep Lluis Gradaille, que se presentará el próximo viernes en Palma de Mallorca.

El Jardín Botánico de Soller https://jardibotanicdesoller.org/es/, que es la gestora que lo comercializará, acaba de anunciar la presentación oficial, el próximo viernes, día 8 de abril a las 19h, en la Fundación Sa Nostra de la C/ Concepción, 12 de Palma de Mallorca.En mi nombre y en el de fundacionpepbonetcapella.com, os invitamos al acontecimiento.

Historia de una publicación

Historia de una publicación

Quizá la única cosa buena de cumplir años es que te da tiempo para hacer muchísimas cosas… ¡Incluso las que antes no sabías hacer!

Para los que no tengáis lectura a mano, podéis entrar en mi blog personal o en el blog de la Fundación y podréis leer una pequeña muestra de estas cosas que voy haciendo. En realidad, comentan mis mayores, se ve que nací con el culo inquieto. Siendo criaturita ya me apodaban “en Pep terrible” (Pepe el terrible para no catalanoparlantes) ¡porque no paraba!

Antes de la pubertad ya decidí que sería electrónico y a los 18 ya me emocionaba sacar fotos (sin tener ni idea de cómo montar una imagen). Aun recuerdo el ridículo, al comprar mi primera cámara, cuando pregunté al vendedor si era una cámara adecuada para sacar fotos “en color y en blanco y negro”. El vendedor, educado él, se sonrió y yo, actualmente he llegado a trabajar como profe de fotografía… Habrá que reconocerme, al menos, capacidad de superación. En pocos años ya hacía cosas como este mosaico que decora mí casa.

Quizá uno de mis muchos puntos de inflexión haya sido, allá por los 80/90, después de no se cuantos “talleres” de fotografía de barrio, después de haber hecho fotografía submarina, después de haber probado la fotografía astronómica, de haber hecho algún retrato, de haber aprendido a revelar, en B/N y color, de haber colgado alguna foto en exposiciones colectivas, en fin, después de unos años de afición fotográfica sin orden ni concierto, de repente “me quedé sin inspiración”… estaba harto de hacer siempre las mismas fotos, pero sin saber por qué las hacía. ¡Este fue el momento en que hice mis primeras florecillas! Fue cuando me metí en foto botánica “para probar” y, casi 40 años después, sigo con el tema… bueno, con este y otro montón de temas, ¿recordáis lo de culo inquieto?

La botánica, sin quererlo, trastocó mi arte y mi comportamiento. Mientras hice fotos al tun-tun fotografiaba lo que conocía, pero al meterme en florecillas me sentí perdido y no me quedó otra que leer. Para las flores hay que leer botánica. Y cuanto más leía, más cosas descubría y más cuenta me daba de mis desconocimientos. Y tuve que aprender a identificar lo que fotografiaba, ya eran demasiadas flores “rojas” o “amarillas”. Empezó a ser importante saber distinguir entre una Asterácea o una Malvácea. De aquella época es mi primera exposición en solitario, “Flors d’Arran de Camí”, donde, de alguna manera se gestó este libro que ahora presento, “DIÀSPORES. Fruits i llavors de la Flora balear, DISPERSIÓ”.

En esta exposición apareció en escena Pep Lluís Gradaille, le conocía, poco, por ser el director del Jardí Botànic de Sóller y le invité. Por presumir, aproveché para mostrarle mis primeras fotos de semillas, recuerdo que le mostré algunas fotos de este estilo

Quedó “epaté”, sobre todo porque él estaba acostumbrado a la típica foto de un puñado de semillas sobre una cartulina blanca, al más puro estilo de libro científico, y este proceso, con composición, con fondos, controlando luces y sombras, vamos, tratando a la semilla como una vedette, dijo que nunca lo había visto.

Aquel día no planteamos nuestro libro de hoy, pero lo que, si se estableció casi “para siempre”, fue enfocar mi trabajo fotográfico a frutos y semillas. No había dudas de que era un campo inmenso y, desde mi prisma, inédito. A partir de entonces tuvimos mucho contacto, pasé a ser “amigo del Jardín”, a disfrutar de una cierta autonomía para perseguir flores, frutos y semillas y, muy importante, a poder incordiar pidiendo que ellos, expertos, identificaran las plantas que yo fotografiaba.

Lo que si se planteó, a raíz de la exposición, fue una propuesta totalmente fantástica de hacer un trabajo con fotos “de la dispersión de las semillas”. Hacer fotos de los frutos que explotan y dispersan las semillas como perdigones, o de aquellas Asteráceas que lanzan sus semillas a volar, atadas a un plumero, o de las ovejas cuando se rebozan de semillas ganchudas… Vamos ¡una fantasía! Estamos hablando de un nivel de fotografía que ronda lo imposible, al menos para mis medios.

Pasaron años y yo amplié mi archivo de botánica, que ahora se puede consultar en la web de la Fundación (fundacionpepbonetcapella.com). Hace ya unos cinco años retomamos el tema de editar, esta vez con los pies en el suelo, con una potentísima información por compartir, algo más sabios por la edad… Y, además, supimos resolver aquel problema de “fotografiar la dispersión”: recurrimos a un dibujante, Marcelo Pinto, que nos ha permitido documentar muy gráficamente los distintos métodos que usan las plantas para dispersarse e ir ganando nuevas tierras para su expansión y “dominio del planeta” (no se vivir sin mi nota distópica, jajaja) En “DIÀSPORES” hay un interesante capítulo sobre el tema, a partir de la página 27, con dibujos tan expresivos como estos.

J. L. Gradaille y yo unimos fuerzas. Él sabe mucha más botánica que yo y se encargó de la documentación científica, yo me dediqué a lo mío, la documentación gráfica y, cuando no llegábamos, buscamos gente sabia que evitara que dijéramos algún disparate, la Dra. Ana Traveset y el Dr. Costas Thanos se prestaron a revisarnos y corregirnos, cosa que agradecemos.

Dado nuestro carácter independiente, tanto Pep Lluís como yo, el libro lo editamos nosotros, nosotros maquetamos y recortamos cada una de las fotos. No es por criticar a los maquetadores, que son profesionales indiscutiblemente. Es que el libro es botánico y básicamente visual, en realidad el libro se basa en las imágenes de frutos y semillas, siempre acompañados de una visión de la planta en crecimiento y, a veces, una toma de su hábitat, todo ello acompañado de una breve descripción botánica que señale que caracteres hemos querido mostrar. Mostrar o no el limbo de una hoja o los pelos de un tallo o unas decoloraciones en un fruto es imprescindible para la finalidad del libro: la dispersión de las semillas. Pasarle todo el material y el encargo a un maquetador no botánico era llamar al desastre y, una vez metidos en el lío, cogimos el toro por los cuernos y lo bocetamos todo nosotros, cortando fotos, midiendo textos y ordenando espacios en las páginas.

Ya estamos que soy padre de la criatura, en absoluto objetivo, ¡pero nos ha salido una preciosidad de libro!

Como que, tanto Pep Lluís como yo, somo unos soñadores no demasiado prácticos, poco dados a los negocios, nos pareció perfecto que la comercialización la hiciera la Fundació Jardí Botànic de Sóller – Museu Balear de Ciències Naturals, localizables en www.jardibotanicdesoller.org, con teléfono +34971634014. Nos lo planteamos como una buena causa, como una colaboración con el Jardín.

En fin, a grandes rasgos, esta ha sido la historia de un libro que, egos aparte, me encantaría que fuera de utilidad para botánicos, que, aparte de estética, sirviera para mejorar o afianzar el conocimiento de la gente. Este libro no deja de cumplir con la divisa de la Fundación Pep Bonet, DOCUMENTAR Y COMPARTIR.

No dudes en dar difusión a este artículo para beneficio de todos los interesados en la botánica, algún conocimiento sacarán de él.

Quien no se consuela es porque no quiere.

Quien no se consuela es porque no quiere.

En el 2011 estuve en Nepal, en el Parque nacional de Sagarmatha, por situarnos, en la “barriada” del Everest. ¡Una de las mejores experiencias de mi vida!

Si bien ya tenía una edad y a pesar de que no me sobraba nada, aguanté 16 días de trekking, entre 3000 y 5000 metros. Once años después ¡me rindo! Para estas exhibiciones ya no doy la talla. Solo por recordar, el trekking fue entre Lukla y Gokyo. Quizá algún día me dé la morriña y le dedique un artículo, hoy solo un breve recuerdo porque he estado fotografiando arenas de Nepal, por ejemplo, estas de cerca de Pangboche, del río Dudha Koshi.

Las arenas me las han traído, pero, casualmente son de la zona donde estuve… y de ahí que se han activado mis recuerdos, he pasado por el archivo a ver fotos y he recordado anécdotas y compañeros de viaje. Ved sino un par de fotos, precisamente de Tengboche y Pangboche,

Este es, precisamente, el río donde se recogió la arena de las fotos anteriores

El pueblito de cubiertas verdes es, precisamente, Pangboche y, si os fijáis, los caminos que cruzan las montañas NO SON CARRETERAS, solamente hay senderos, todo, absolutamente todo, se conecta caminando. Pangboche está a unos 3900 msnm, hay que bajar unos 50 metros hasta el río y subir un centenar para hacer esta foto. En los Himalayas todo va así, siempre subiendo y bajando… con algo así como la mitad de oxígeno del que hay a nivel del mar. Lo dicho, mi edad y mis rodillas ganan la partida, aun puedo hacer salidas cortas por la montaña mallorquina, pero eso es todo.

Allá el 2015 hice un proyecto de ir a los Anapurnas, ¡más de lo mismo! Por cuestiones que no vienen al caso no pudo ser y cuando “si se pudo” yo había perdido el fuelle y todo quedó como asignatura pendiente… ¡pero siempre queda el premio de consolación!

En la colección de arenas que me encargaron fotografiar, aparte de las vistas de la zona de Sagarmatha, también las hay del río Gandaki y, tocando las arenas me he hecho la ilusión de haber vuelto a los Himalayas, lo dicho, “quién no se consuela es porque no quiere”.

Como nota curiosa de estas arenas de alta montaña, provenientes a veces de glaciares, si os molestáis en tomar medidas veréis que los granos son bastante finos, hay muchos de menos de 0,2 mm. Pues bien, en los granos oscuros se aprecia que “tienen polvo”, están sucios de un polvillo microscópico proveniente de la moltura de roca por parte de los glaciares en su recorrido.

Hace tiempo ya hice un comentario al respecto, hablando de arenas de Tierra de Fuego, en América del Sur. Este polvillo, con paciencia, consigue llegar al mar y se convierte en una buena provisión de minerales para el fitoplancton… y en el principio de la cadena trófica.

Para mi desgracia, se me acabaron las grandes aventuras. Pero si os fijáis, con un simple puñado de arena aun me puedo situar cerca de Jomosom, en plena cordillera de los Himalayas ¡y soñar es gratis!

Quizá esta sea la mayor ventaja de la Fundación, vivir en la sensación de ser libre como el viento… incluso sentado delante del ordenador apilando fotos de muchísimas capas.

Por otro lado, el haber hecho estas macro fotografías puede que le sea útil a algún geólogo en algún análisis de tierras lejanas. Este es el espíritu de la Fundación, “DOCUMENTAR Y COMPARTIR”

Y, hablando de compartir, si compartís el artículo, si le dais difusión, habrá más posibilidades de que algún científico o comunicador le encuentre utilidad a estos trabajos… o se les pueda ocurrir alguna proposición “honesta” para aprovechar nuestro equipo y nuestros conocimientos.